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bang

O el silencio de una bala…


La onomatopeya de un disparo tiene la suficiente carga cultural como para representar un impacto. Las balas en movimiento no se ven, ese es su secreto, andan por ahí, viajan por el mundo y pueden llegar desde cualquier lugar, quizá nunca acierten en nosotros, pero…
Los impactos son sorpresivos,  por alguna razón se sienten en el pecho, y representan una totalidad temporal, un impacto implica una redefinición del antes y el después.
¿Cómo medimos la temporalidad de un impacto?, ¿se puede cuantificar su carga destructiva?,  ¿qué hacemos después?
Quizá ayuden a darnos una respuesta palabras de Aldo Pellegrini, poeta y crítico de arte en fragmentos de su “Fundamentos de una estética de la destrucción” (noviembre de 1961):
“Toda destrucción libera una enorme cantidad de energía, es por este efecto dinámico, por esta acción impulsora, que la destrucción sienta las bases de toda futura creación.

(…)La destrucción depurada por el artista, llevado este de la mano por la guía ocre, cáustico, irreverente del humor, nos revelará inéditos caminos de belleza, oponiendo así su destrucción estética a esa orgía de aniquilamiento en que está sumergido el mundo de hoy.”

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