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niveles de realidad

La ambigüedad como recurso narrativo propone, desde una pluralidad inicial de significados, un umbral de acceso a niveles de realidad individual.

La posibilidad de un registro emocional como respuesta primaria a  una imagen establece coordenadas difusas en el campo perceptivo personal, un reconocimiento del propio caos afectivo desde el que se construye un mapa de lo real. La asimilación y acomodación a una imagen implica de facto una forma de categorización o registro de certezas no concluyentes de estados intelectuales y sensibles.

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El campo de significantes que construyen esas coordenadas personales, singulares,  está en desplazamiento continuo, un caos en tránsito sometido a leyes de simultaneidad y superposición espacio-temporal que colisiona con la construcción institucional de lo que asumimos colectivamente como realidad. Esta dinámica social supera al individuo, en el sentido de que la intensidad de los esfuerzos de adaptación gregaria acorrala procesos personales, la complejidad de lo individual se comprime y neutraliza bajo esa presión colectiva.

Desde esta perspectiva, me interesa, más allá de la pluralidad de significados que podría plantear la obra, desarrollar una visual de estados indeterminados, una forma de categoría de lo no resuelto como emergente de esa contracción emocional.

La complejidad de nuestras psiquis se atenúa en lo colectivo, mientras el encuentro con una imagen es un hecho estrictamente individual. La conexión con una obra implica auto pertenencia, un re-conocimiento de la propia singularidad.

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La apropiación perceptiva de una imagen y su correlato intelectual y sensible permite el acceso a esa capa comprimida de complejidad individual, un trayecto sensible de la obra desde la mirada al cuerpo del que emerge la conciencia de la propia indeterminación.

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