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PROCESO

El proceso de selección de imágenes no es más que una forma de singularidad, una ruptura, un desnivel,  en un estado continuo de producción de obra.

En este sentido, la asimilación de una determinada imagen –o una línea de imagen- responde a variables complejas, tanto desde una perspectiva formal como de organicidad emocional, cuyo sustrato  es multifactorial, en el sentido que la información o las unidades de información que fluyen en la dirección de la construcción de la  imagen está atravesada por la propia historia.

La realidad personal, el ordenamiento de ese sustrato lógico-afectivo, está sostenido en una construcción del cuerpo condicionada por información biológica y biográfica, el saber institucional confrontado a la vivencia de la acción genera una forma particular de la visión de lo corporal, y define su propio concepto.

El cuerpo como punto de partida de la obra, como una primera capa , sobre la que se funden los arquetipos, las referencias genéricas ineludibles,  que atraviesan un campo formal y definen un modo de acceso a ella, el cuerpo como una herramienta de producción para desarrollar una metáfora de la historia personal.

Es difícil, como artista, hablar de las razones que nos llevan a producir obra, pero debemos aceptar que es apenas una opción que por alguna razón pusimos en marcha.

La fotografía es acumulativa, y define en su praxis esa condición: la búsqueda de una imagen implica le repetición del gesto, una búsqueda circular (elíptica) en torno a una idea, no necesariamente visual, que pretende resolverse en una imagen, fija.

Cada selección de fotos, cada concepto desarrollado en estos años, se sostiene en esta premisa: la acumulación.

Una obra, el concepto que la sostiene, es un emergente de esa acumulación, sobre la que operan  variables formales y afectivas, emocionales, y como en un proceso de selección natural definen una aptitud, y entonces, existe.

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