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DISTANCIA Y COMUNICACION

Cada tiempo, cada época, impone en la sociedad conductas de comunicación.

Lo que podemos llamar usos y costumbres no son más que el modo en que las condiciones sociales determinan la interacción de un sujeto con su entorno.

Esta imposición es silenciosa, no se desarrolla en el individuo la conciencia de ese modo, las interacciones son automáticas, así como son automáticos los movimientos del quehacer cotidiano; la reflexión solo aparece en las zonas de fractura, de ruptura, cuando este silencio puede hacerse oír.

Las rupturas imponen un proceso reflexivo individual, a distancia, y representan un primer nivel de conciencia de modos de acción, un registro pensante del cuerpo, un cuestionamiento, un umbral de acceso a otras posibilidades.

La distancia física con el otro no implica su inexistencia, sino todo lo contrario; el valor real del otro quizá solo sea posible a través de esa distancia que me permite sentir su ausencia e indagar en la necesidad del contacto.

Este tiempo impone conductas de retracción, de repliegue como mecanismo de defensa, un repliegue que debe sostenerse a partir de un alto costo de energía, una forma de autofagia sin otra finalidad que sostener el temor en sus múltiples formas, y cualquier intento de comunicación desde esta perspectiva está destinado al fracaso; cualquier organismo vivo que agota su energía no tiene más opción que parasitar a otro.

En la inmensa mayoría de relaciones de hoy existe un desbalance de poder, parasitar y ser parasitado tiene sus ventajas en el corto plazo, las relaciones de dependencia aceptan, involuntariamente, la comodidad de la conveniencia del presente.

La reflexión personal, privada, en el cuerpo, es poder sobre nuestro espacio inmediato, nuestras referencias se amplifican.La soledad es un ejercicio territorial indispensable, nos hace aptos para comunicar.

El contacto evolucionado es contacto en ausencia de poder. Simétrico. Pero entre dos individuos el poder se ejerce, siempre, y en ese ejercicio puede aparecer una forma de libertad, el espacio del otro.

La libertad coreografía esa distancia entre uno y el otro- siempre hay una distancia-, es el nexo que fluye en el espacio inmediato entre dos, es la tensión vital que se impone cuando los cuerpos exceden su propia materia y redistribuyen sus tensiones internas desde la emoción y la acción.

Lo físico impone las emociones y modos de pensamiento, la cognición de mi cuerpo modificado, un nuevo esquema corporal, una cuña perfeccionada que abre nuevos espacios.

El cuerpo anatómico define límites celulares, la materia que somos. Pero sobrevivimos y nos hacemos personas a través de la comunicación, desde que nacemos.

Las estrategias desplegadas en esta supervivencia y deseo innato de pertenencia dependen de las herramientas con las que la ontogenia nos dota, y van desde el contacto corporal, básico, hasta la convención de formas evolucionadas de lenguaje, posibilidades no son excluyentes, están internalizadas en nosotros, y en esa variabilidad, en la libertad de utilización de un modo u otro está nuestra riqueza para comunicar.

El lenguaje excede la materia, nuestro cuerpo se transporta a través del lenguaje y la gestualidad define territorios espaciales dese el movimiento y la quietud,  del mismo modo que la palabra solo tiene valor cuando juega con el silencio.

La fotografía, sostener la cámara ante otro no es más que un modo de comunicación especializado, nuestra naturaleza es enviar información al otro, el cuerpo no tiene opción.

Oposición, asimilación, neutralidad son modos afectivos, y se ponen en juego a partir de lo que podemos llamar “distancia crítica”, materializada en una toma fotográfica, que no es más que el punto en el que se encuentran unidades de información interesadas que parten de puntos diferentes en el espacio, uno y el otro.

 

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